Casa calle San Pedro
La casa se asocia al interior con otros casales, conformando dos viviendas. Como es habitual no conservamos más que el antiguo muro de fachada del XVI. Curiosamente los edificios anejos, también muestran puertas antiguas, quizá de origen medieval. Ambas se organizan mediante arquitrabe sobre zapatas que parece de origen medieval. Esta casa se edificó en una parcela estrecha y profunda, casi en la definición de lo que se conoce como parcela gótica. Se sitúa en una de las zonas del caserío más densamente urbanizada, con parcelas más atomizadas. Hay que tener en cuenta que la unión de ambas calles desembocaba en la plaza, y antes de su conformación urbana, junto a ellas estaría la puerta o portal que se abría al camino de Pamplona, salida natural de la población hacia el oeste. Lógicamente su diseño estaba determinado por la propia anchura del “suelo de casa” que compartía medianiles con las construcciones vecinas. Por las determinaciones que ya hemos analizado, la portada no ocupa el centro de la fachada. No obstante, sus características son muy parecidas a las anteriores. Quizá sea su tamaño el que se reduce, en consonancia proporcional con la propia reducción del aparato de la fachada y, en general, de la construcción. No obstante, la altura del alféizar de la ventana del primer piso casi alcanza los cuatro metros, con más de metro y medio de dovela. Sobre la central va el escudo de Urroz con la ya tradicional decoración de lises simétricas. La doble articulación de las decoraciones descritas en algunas de las portadas anteriores también se simplifica, quizá por evitar cierta redundancia. La protección espiritual va en el dintel de la ventana, en cuyo centro se labra el monograma de Cristo con piñas, dentro de un gran tondo liso. Se añade una cruz patada inferior, y otros dos tondos, uno con soles y estrellas, y el otro con monograma de difícil identificación. Pero además de lo iconográfico, las dos ventanas presentan notorias novedades en la articulación de sus arcos: la que comentamos muestra perfiles levemente apuntados; la otra arcos conopiales, casi de cortina. Dos modelos de arcos típicamente tardogóticos. No obstante, la molduración de los enmarques es igual a los hasta ahora descritos. Ya en los edificios anteriores se observa una muy leve tendencia al apuntamiento. Tan leve que no la hemos descrito más que en las roscas internas de las portadas. Aquí es más evidente. La ventana ha perdido el parteluz, y monta un dintel realizado en dos piezas. Como los ejemplos anteriores el alféizar se monta sobre la dovela central de la puerta. Al interior conserva perfectamente las características primitivas de su organización: muro armado con arco rebajado, ventana tallada, dovela como tapa central y banquitos laterales. Lógicamente llama la atención en especial laventana geminada con doble arco conopial. De nuevo, su arista va embellecida por una doble moldura baquetonada similar a la anterior. Sobre las ventanas el muro superior muestra las huellas de las ménsulas o vigas que soportarían un tejaroz anterior. Otro dato curioso que conserva esta fachada recientemente rehabilitada es que tras la limpieza de sus sillares han aparecido restos de policromías antiguas. Son claramente rojas en los ápices de los arcos conopiales y el escudo de Urroz; más tendentes al salmón o al ocre en el dintel y los sillares próximos. Hasta hace poco la mayor parte de estos edificios tenían sus fachadas lucidas. Así lo atestiguan fotografías de los años setenta y ochenta. No obstante, estos lucidos eran siempre blancos.



