Casa Palacio Torreblanca
Si de Santo Tomás salimos hacia la plaza de Torreblanca nos topamos en seguida con el brocal del pozo y, unos 10 metros más allá, con otra fachada palaciega monumental. Lamentablemente lo que conservamos es sólo un telón que oculta almacenes y dependencias auxiliares. La puerta y algunas ventanas están tapiadas, en lo que no es más que una ruina venerable. Al conservarse el muro interior libre de adiciones posteriores, su análisis nos va a permitir comprender la utilidad de los elementos estructurales que componen puerta y ventanas. Comprenderemos que el enorme desarrollo de los dovelajes no responde a un alarde manierista y decorativo, sino que tiene una finalidad práctica que viene a demostrar el grado de sistematización que había adquirido este tipo de construcciones. Aunque en composición, dimensiones y elementos la fachada de la Casapalacio de Torreblanca es casi igual que la anterior, tanto sus sillares como algunos elementos decorativos muestra todavía un mayor empeño. De hecho, todos los paramentos se resuelven con el mismo tipo de sillar de pulido y talla muy esmeradas.
Las hiladas son perfectamente continuas en alzado, marcando tendeles paralelos. Todo es regular. También está erigida entre medianiles; por el lado sur debe resolver el ángulo de la calle mediante un leve chaflán con aspillera de índole quizas defensiva.
La portada es similar a la de la Casapalacio Bastida. Lo que cambia es la decoración de su clave que, ahora sí, acoge claramente un motivo heráldico. Verdaderamente analizando los motivos secundarios del relieve da la impresión que fue labrado por el mismo taller que construyó su gemela y casi vecina. Otra vez está dividido en dos partes: por arriba aparece una cruz patada inscrita y entre dos palmas. Por debajo un escudo cuartelado con las armas de los Martínez de Urroz La presencia del palacio de Torreblanca en la documentación es relativamente frecuente ya que figura como cabo de armería en la nómina oficial del Reino y desde época medieval era solar de uno de los doce linajes de ricoshombres. La referencia más antigua se remonta a 1518; entonces se documenta un pleito de la villa de Urroz contra Juan Martínez de Oricin, escudero, señor del palacio de la Torreblanca.
Las ventanas de la planta habitación repiten también las molduraciones, composición y dimensiones ya descritas en la casa Bastida. Ahora son dos las que conservan alféizar moldurado. Aunque los dinteles son también monolíticos no acogen decoración en relieve. Pero pasemos al interior. Observemos las ventanas desde lo que fue el interior de las habitaciones de la planta noble. Las cuatro son iguales. Cada vano conforma un hueco en el muro que va hasta el suelo. El grosor del muro se salva mediante un arco rebajado, laterales levemente abocinados y dos banquitos laterales.Es una articulación del espacio de la ventana típicamente medieval que tendrá un ampliorecorrido en la Edad Moderna.De los ocho banquitos laterales sólo se conservan dos. El resto, junto a varios sillares de enmarque, fueron “retirados” en un momento indeterminado. Al retirarlos y quedar el muro abierto y sin revestimiento, el valor estructural de sillares y dovelas se nos hace evidente. En la ventana axial de la portada, entre lo que fueron los dos banquitos laterales, aparecen las dovelas de la portada. Éstas reciben directamente el apeo del alféizar de la ventana y de las piezas monolíticas de su enmarque. De hecho, dovelas y enmarque de la ventana forman una unidad estructural que permite aligerar la anchura del muro que se ve reducida al grosor mismo de dovelas. Ése es el valor estructural de la ampliación desmesurada de estos enmarques de las puertas palacianas urroztarras. La clave debía ir desde el hueco de la puerta de la planta baja,hasta soportar el alféizar de la ventana axial. Si nos fijamos en el resto de ventanas veremos que la configuración es similar. Sin embargo, el murete entre los bancos, a falta de portada y dovelas, se resuelve mediante sendos sillares rectangulares, verdaderas tapas pétreas. Éstas son las piezas que sistemáticamente vemos en las fachadas justo bajo los huecos de las ventanas.



